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Bienvenido al Centro Orientación para la 3ra. Edad. Aqui apreciarás el paso de las estaciones de tu vida, como hiciste con las estaciones del año, donde quedaron rastros indelebles. Disfruta sus huellas de amor y las del dolor -pues ambas- alegrías y penas, conviven en el peregrinar de la vida. MIRA positivamente tus años, hasta que el reloj de Dios marque su hora. Tus días están en Sus Manos. Recuerdos del ayer te angustiarán... llora, pero no entristezcas; deja que el HOY te acaricie. Es un regalo de AMOR. Oriéntate, Vive Y Ama .



Y si te preguntas ¿porqué poema en esta pagina de 3ra. edad? te diré que algunos dedican poesías y concursos sobre enfermedades y pensé, ¿porqué no poesía sobre temas expuestos? No estemos tan serios. La vejez es baile lento, hay que saberla bailar para no perder el ritmo. Si no gustas de ellas NO HAY PROBLEMA, a su izquierda lee en etiquetas y verás MUCHOS TEMAS A TU GUSTO. Piensa ¿y que seríamos sin los nietos? Adobe su vejez con la miel de un poema o melodía, eche a un lado lo que estorba y sonría con lo bueno que nos otorga. Le invito a escribir poesías al nieto o niño amado. Son parte de nuestro ser ¿porqué excluirlos ? con poemas, dolores, niños y alegrías, olfatearemos la fragancia final del otoño. Sonríe, otros no pueden sonreír ¿lo sabias?

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domingo, 24 de enero de 2016

Jacinto Convit

Jacinto Convit

“El desarrollo de un país depende de la ciencia”

Tiene 96 años y todavía está al mando del Instituto de Biomedicina de la UCV. Después de haber desarrollado la vacuna contra la lepra y la leishmaniasis, lo que le valió su postulación al Nobel de Medicina, ahora encabeza dos cruzadas. Una, la ayuda a los indios warao. Y la otra, la lucha contra el cáncer. El científico es categórico: “¡jubilarse es la muerte!”
La mirada de Jacinto Convit es penetrante. Uno puede llegar a creer que, de un momento a otro, sus potentes ojos azules podrían desprenderse de sus cavidades y salir levitando con total autonomía biológica. A sus 96 años de edad, todavía lleva el timón del Instituto de Biomedicina, ubicado al lado del Hospital Vargas. El científico, que fue postulado en 1988 al Premio Nobel de Medicina por sus aportes al estudio de la lepra y de la leishmaniasis, va todos los días a trabajar. “Jubilarse es la muerte”, dice. Su oficina es un culto a la sencillez. Hay libros en español e inglés, cachicamos en miniatura y un discreto retrato de Simón Bolívar.
En su escritorio, han colocado un timbre para que el investigador lo toque cada vez que necesite algo. Lo sonó múltiples veces durante la entrevista: pedía informes, papeles, carpetas, fotos para apoyar su exposición. Todo con carácter de urgencia. Una de sus colaboradoras comenta que es difícil llevarle el paso: “Tiene más energía que cualquiera de nosotras”.
Convit, hijo de un inmigrante catalán y de una venezolana de origen canario, nació en La Pastora el 11 de septiembre de 1913.
–En esa época, uno andaba en tranvía. Yo aprendí a leer en una escuelita que dirigía una señora de apellido Betancourt.
Después, entré al Colegio San Pablo, que era una institución familiar comandada por los hermanos cumaneses Martínez Centeno, descendientes del Mariscal Sucre. Allí cursé toda la primaria. Y entonces pasé al Liceo Caracas, donde me dio clases Don Rómulo Gallegos. Poca gente sabe que él era profesor de Matemáticas, una materia que conocía muy a fondo. Le saqué 20 puntos. Gallegos no pudo seguir en el liceo porque lo expulsaron del país: eran los tiempos de Gómez. Ingresé a la Universidad Central en 1932 y me gradué de doctor en Ciencias Médicas en 1938.
El año de su graduación fue decisivo para Convit. Los doctores Martín Vegas y Pedro Luis Castellanos le ofrecieron el cargo de médico residente de la leprosería de Cabo Blanco (Vargas). El sueldo eran 1.500 bolívares, y el joven aceptó. Allí trabajó quince años.
–La leprosería era un hospital donde se llevaba a la gente a la fuerza. Lo que llamaban aislamiento compulsorio: por ley. Los pacientes eran prácticamente capturados donde vivían y trasladados allí. Los que venían de zonas distantes eran traídos en barco y los que venían de zonas más cercanas, en un camión. Uno de ellos venía de Maturín. Eran como las tres o cuatro de la mañana. Llegó encadenado y acompañado de dos hombres armados. Yo me ofusqué un poco y les dije: `¡Quítenle las cadenas porque ése es un ser humano!’ Y los dos hombres me obedecieron. El paciente estuvo relativamente poco tiempo. Como a los cuatro meses, se fugó de la leprosería.
Era un ambiente inaguantable.
Este apartheid que Convit presenció selló para siempre su destino. Decidió emprender una verdadera cruzada para que al enfermo de lepra se le respetara su dignidad y para dar con la cura de esta enfermedad de raíz bíblica.
–La lepra se trataba con el aceite de chaulmoogra y se aliviaba el dolor con derivados de morfina. El aceite lo refinaba un danés, Jorge Jorgesën, que era un químico experto y que había peleado en la guerra mundial.
Pero el enfermo no se curaba con eso: había que encontrar un tratamiento más eficaz. Me fui a la UCV y catequicé a ocho estudiantes de Medicina para que trabajaran conmigo. Además, hubo tres personas que me ayudaron muchísimo en el estudio que estábamos realizando: la doctora Elena Blumenfeld, farmaceuta, y otra persona de apellido Granado, de origen argentino, laboratorista, y que había venido con el Che Guevara a ver la leprosería. Hablé muy poco con el Che Guevaraporque apenas pasó una noche en Cabo Blanco: al día siguiente se iba, creo, a Bolivia. Granado se quedó un año y se fue después a Cuba. La tercera persona fue el doctor Antonio Wasilkouski, un farmacólogo polaco, quien montó un pequeño laboratorio para producir medicamentos.
Convit, que hace poco fue catalogado por la BBC como uno de los cinco latinoamericanos más influyentes, que ganó el Premio Príncipe de Asturias en 1987, siempre opta por el plural cuando habla de su hazaña científica.
–El primer medicamento que nos pareció importante para experimentar fue el Diamino-Difenil- Sulfona, el llamado DDS, que era activo contra las micobacterias. Un segundo medicamento que utilizamos fue la clofamizina. Con esos dos medicamentos, tratamos a 500 pacientes de la leprosería de Cabo Blanco. Y en un plazo de dos años, se curaban.
Fue una verdadera revolución.
Se cerraron las dos leproserías nacionales: la de Cabo Blanco y la de Providencia (Zulia), que albergaban dos mil enfermos.
Se crearon entonces los servicios antileprosos nacionales.
El procedimiento que nosotros ideamos fue la base para desarrollar el tratamiento de la lepra en todos los países endémicos.
Esos resultados fueron aplicados por la OMS, modificando ligeramente el cuadro: agregó un antibiótico (rifampicina).
Nuestro trabajo sirvió para desarrollar el tratamiento que la OMS llamó poliquimioterapia de la lepra.
Toca el timbre. Pide a su secretaria que le traiga una copia de un artículo, escrito por él y otros investigadores, donde están asentados sus hallazgos. Fue presentado en Londres en los años sesenta. Está en inglés.
–Luego del uso de los dos medicamentos (DDS y clofamizina), preparamos una vacuna a base de BCG (vacuna contra la tuberculosis) y de bacilos de armadillo (cachicamo). Posteriormente, trabajamos con la leishmaniasis, que es un problema de salud pública grave en Venezuela: son 5 mil enfermos nuevos por año. Desarrollamos una vacuna compuesta por el parásito de la leishmaniasis, que es la Leishmania, con el BCG. El tratamiento de la leishmaniasis se hacía con los antimoniales pentavalentes, que son medicamentos muy caros. Preparamos esa vacuna y le economizamos al país dos millones de dólares por año. El desarrollo de un país depende de la ciencia. Por eso es que nosotros estamos subdesarrollados. Porque a nuestra ciencia, en verdad, no se le ha dado el empuje que debe tener, aunque se ha hecho un esfuerzo.
No le importa el dinero; jamás ha ejercido la medicina privada.
–No va con mi carácter. El médico debe ser un servidor público. Para mí, esto no es un negocio: se trata de proteger la vida humana. Es muy difícil hacer fortuna ganando un sueldo de médico de salud pública. Pero, al fin y al cabo, uno no necesita eso. Porque si uno tiene una vida discreta y le es suficiente lo que gana, uno se siente feliz.
Una vez me informaron que en la Academia Militar había un joven a quien le habían diagnosticado lepra. Lo vi y encontré que el muchacho tenía una lesión, pero benigna. La lepra presenta lesiones agresivas en un porcentaje importante y lesiones benignas, que muchas veces se curan solas. Le escribí una carta al presidente de la junta de gobierno, Delgado Chalbaud. Y él me contestó que ese joven no iba a ser expulsado porque yo decía que no tenía una enfermedad maligna. El muchacho se graduó y vino a visitarme cuando era coronel. Esas son las cosas a las que uno, como médico, les da importancia.
Científico a carta cabal, no vacila, sin embargo, en reconocer su fe.


–No solamente creo en Dios, sino que uno tiene que hacer el esfuerzo para que los demás crean en él. Porque indudablemente que la creencia en Dios es algo necesario para el ser humano. A veces uno está pensando cosas y estoy seguro de que está influido por Dios.

Convit está casado con Rafaela Marotta, que tiene 90 años. Tuvieron cuatro hijos: Francisco, que cría caballos pura sangre; Oscar, que falleció en un accidente de tránsito cuando tenía 23 años; Antonio, psiquiatra, profesor de la Universidad de Nueva York y director médico del Centro de Investigaciones Cerebrales de esa institución; y Rafael, que es cirujano y trabaja en el Washington Medical Center. Los dos últimos son gemelos. ¿Qué piensa el científico de la muerte? –La muerte es algo que uno tiene que aceptar. Nadie se puede salvar de morir. Es decir, la muerte no es discutible. Ahora, lo que hay que hacer es aprovechar el tiempo y hacer las cosas lo mejor posible. Tratar de favorecer a la gente lo más que se pueda. Por eso pasé de mi trabajo en lepra y leishmaniasis al cáncer. El fenómeno del cáncer es muy parecido, casi idéntico, al de la lepra, porque, en el caso de la lepra, el organismo no reconoce a la bacteria que la produce y, por tanto, la bacteria se multiplica hasta el infinito. Calcule usted que debe haber más de diez millones de bacterias por gramo de tejido enfermo.
En el caso del cáncer, no se ha descubierto la bacteria, pero se ha descubierto la célula tumoral, que no es reconocida tampoco por el cuerpo que la sufre y entonces progresa millones de veces en el sitio y después pasa, igualito que ocurre con la lepra, por la sangre y por los linfáticos.
El objetivo es lograr que el cuerpo reconozca la célula cancerosa a base de un sistema inmune adecuadamente controlado.
Convit no ve obstáculos sino oportunidades. Su tenacidad es impresionante. ¿Está cerca la vacuna contra el cáncer?

 –Yo tengo la impresión de que está cerca. Y que debemos tener fe. El problema de la lucha contra estas enfermedades que afectan al ser humano es el prejuicio. La lepra pudo ser tratada porque trabajamos sin prejuicio, teniendo la seguridad de que se iba a encontrar un tratamiento que iba a mejorar al enfermo. Y en cáncer existe un prejuicio tremendo: la gente cree que no tiene solución, y que nunca la tendrá. Eso no es así. Nosotros, en lepra, usamos sustancias que permitieron al organismo destruir al mycobacterium leprae. Debemos seguir esa misma vía: usar sustancias que destruyan la célula tumoral. En eso es que estamos trabajando. Llevamos tres años.
¿Qué cual es el secreto de mi longevidad? ¿Que por qué no me he muerto? ¿Eso es lo que usted me quiere preguntar? (Sonríe)… Porque tengo proyectos en qué ocuparme. Y me ocupo. Uno no solamente es feliz porque se compre un carro de cien mil dólares o porque viaje o coma en buenos restaurantes.
No, uno debe acostumbrarse a ser feliz cuando hace feliz a los demás
fuente Ciencia Libre

NOTA: SE PERMITE LA REPRODUCCIÓN PARCIAL O TOTAL , SIEMPRE Y CUANDO SE CITE LA FUENTE Y/O EL NOMBRE DE SU AUTORA

por Gloria M. Bastidas

sábado, 5 de junio de 2010

La Viejita Malhumorada


Cuando una viejita murió en la sección para el tratamiento de enfermedades de la vejez en una pequeña clínica cerca de Dundee, en Escocia, todos estaban convencidos de que ella no había dejado nada de valor.


Después, cuando las enfermeras revisaron sus míseras pertenencias, encontraron una poesía. Su calidad y contenido impresionaron tanto al personal, que todas las enfermeras querían una copia de la misma.

Una de ellas se llevó copia a Irlanda. La herencia que esta viejita legó a sus sucesores se, hizo pública en la emisión de Navidad de las Noticias de la Unión para la Salud Mental de Irlanda del Norte. Este poema, sencillo, pero elocuente, se presentó también con diapositivas.


Así, esta menuda la de Escocia, sin posesiones materiales que legarle a este mundo, es la autora de este poema “anónimo” que circula por Internet.

La vieja mal-humorada
Que ven hermanas? Qué ven? Qué piensan cuando me miran?
Una Vieja, malhumorada no
demasiado inteligente, de
costumbres inciertas,
con sus ojos soñadores
fijos en la lejanía.

La vieja que escupe la comida
y no contesta cuando tratan de convencerla Dele...
haga un pequeño esfuerzo.

La viejita que quien ustedes creen que no se da cuenta
de las cosas que ustedes hacen y que continuamente
pierde el guante o el zapato.

La viejita, quien contra su voluntad,
pero mansamente les permite que hagan lo que quieran,
que la bañen y alimenten, sólo para que así pase el largo día.
Es esto lo que piensan? Es esto lo que ven?

Si es así, abran los ojos, porque esto que ustedes ven no soy yo!
Les voy a contar quién soy,
cuando aquí estoy sentada tan tranquila, tal como me ordenan,
cuando como por orden de ustedes.

Soy una niñita de diez que tiene padre y madre,
hermanos y hermanas, que se aman.

Soy una jovencita de dieciseis años,
con alas en los pies, que sueña que
pronto encontrará a su amado.

Soy una novia a los veinte,
mi corazón da brincos cuando hago la promesa
que me ata hasta el fin de mi vida.

Ahora tengo veinticinco,
tengo mis hijos, quienes necesitan que los guíe,
tengo un hogar seguro y feliz.

Soy mujer a los treinta,
los hijos crecen rápido,
estamos unidos con lazos que deberían durar para siempre.

Cuando cumplo
mis hijos ya crecieron y no están en casa,
pero a mi lado está mi esposo que se
ocupa de que yo no esté triste.

A los cincuenta, otra vez,
sobre mis rodillas los bebés,
de nuevo conozco a los niños,
a mis seres amados y a mi.

Sobre mí se ciernen nubes oscuras,
mi esposo ha muerto,
cuando veo el futuro me erizo toda de terror.

Mis hijos se alejan, tienen a sus propios hijos,
pienso en todos los años que pasaron
y en el amor que conocí.

Ahora soy una vieja.
Qué cruel es la naturaleza!
La vejez es una burla que
convierte al ser humano en un alienado.
El cuerpo se marchita,
el atractivo y la fuerza desaparecen,
allí, donde una vez tuve el corazón
ahora hay una piedra.

Sin embargo, dentro de estas viejas ruinas todavía
vive la jovencita.

Mi fatigado corazón, de vez en cuando,
Todavía sabe rebosar de sentimientos.

Recuerdo los días felices y los tristes.
En mi pensamiento vuelvo
a amar y vuelvo a vivir mi pasado.
Pienso en todos esos años
que fueron demasiado pocos
y pasaron demasiado rápido,
y acepto el hecho inevitable
que nada puede durar para siempre.

Por eso, gente, abran sus ojos, abran sus ojos y vean!
Ante ustedes no está una vieja malhumorada,
ante ustedes estoy YO!!

Fuente: http://www.cubanuestra.nu/

Como esa viejita hay muchos ancianos dejándose llevar mientras quienes les rodean piensan que están fuera de la realidad, ellos se mantienen vivos persiguiendo sueños en sus recuerdos, conectados con el corazón a cosas y personas que amaron. Pero conscientes que pronto partirán.

NOTA: SE PERMITE LA REPRODUCCIÓN PARCIAL O TOTAL, SIEMPRE Y CUANDO SE CITE LA FUENTE Y/O EL NOMBRE DE SU AUTOR

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Ritalevi Montalcini - 100 años de sabiduria‏

Esta información de una gran mujer la coloco en este lugar para que comprobemos cada vez que la edad no es una limitante y que podemos ser productivos y felices mientras tengamos un soplo de vida. ¡QUE VIVA LA EDAD!

Ritaveli Montalcini es la neuróloga italiana que se constituirá en la galardonada más longeva de la historia con el Premio Nobel 1986 de Medicina, otorgado por aislar el factor que explica cómo crecen las neuronas.

Entrevista realizada en el 2005.
- ¿Cómo celebrará sus 100 años?

Ah, no sé si viviré, y además no me placen las celebraciones. ¡Lo que me interesa y me da placer es lo que hago cada día!
- ¿Y qué hace? Trabajo para becar a niñas africanas para que estudien y prosperen ellas y sus países. Y sigo investigando, sigo pensando...
- No se jubila. ¡Jamás! ¡La jubilación está destruyendo cerebros! Mucha gente se jubila, y se abandona... Y eso mata su cerebro. Y enferma.
-¿Y cómo anda su cerebro? ¡Igual que a mis 20 años! No noto diferencia en ilusiones ni en capacidad. Mañana vuelo a un congreso médico.
- Pero algún límite genético habrá. No. Mi cerebro pronto tendrá un siglo..., pero no conoce la senilidad. El cuerpo se me arruga, es inevitable, ¡pero no el cerebro!
- ¿Cómo lo hace? Gozamos de gran plasticidad neuronal: aunque mueran neuronas, las restantes se reorganizan para mantener las mismas funciones, ¡pero para ello conviene estimularlas!
- Ayúdeme a hacerlo. Mantén tu cerebro ilusionado, activo, hazlo funcionar, y nunca se degenerará.
- ¿Y viviré más años? Vivirá mejor los años que viva, que eso es lo interesante. La clave es mantener curiosidades, empeños, tener pasiones.
- La suya fue la investigación científica... Sí, y sigue siéndolo.
- Descubrió cómo crecen y se renuevan las células del sistema nervioso... Sí, en 1942: lo llamé nerve growth factor (NGF, factor de crecimiento nervioso), y durante casi medio siglo estuvo en entredicho, ¡hasta que se reconoció su validez y en 1986 me dieron por ello el premio Nobel! -
¿Cómo fue que una chica italiana de los años veinte se convirtió en neurocientífica? Desde niña tuve el empeño de estudiar. Mi padre quería casarme bien, que fuese buena esposa, buena madre... Y yo me negué. Me planté y le confesé que quería estudiar.
- Qué disgusto para papá, ¿no? Sí. Pero es que yo no tenía una infancia feliz: me sentía patito feo, tonta y poca cosa... Mis hermanos mayores eran muy brillantes, y yo me sentía tan inferior.
- Veo que convirtió eso en un estímulo... Me estimuló también el ejemplo del médico Albert Schweitzer, que estaba en África para paliar la lepra. Deseé ayudar a los que sufren, ¡ése era mi gran sueño...!
- Y lo ha hecho..., con su ciencia. Y, hoy, ayudando a niñas de África para que estudien. Luchamos contra la enfermedad, sí, ¡pero todo mejorará si acaba la opresión de la mujer en esos países islamistas...!
- La religión ¿frena el desarrollo cognitivo? (del conocimiento) Si la religión margina a la mujer frente al hombre, la aparta del desarrollo cognitivo.
- ¿Existen diferencias entre el cerebro del hombre y el de la mujer? Sólo en las funciones cerebrales relacionadas con las emociones, vinculadas al sistema endocrino. Pero en cuanto a las funciones cognitivas, no hay diferencia alguna.

- ¿Por qué todavía hay pocas científicas? ¡No es así! ¡Muchos hallazgos científicos atribuidos a hombres los hicieron en verdad sus hermanas, esposas e hijas!
- ¿De veras? No se admitía la inteligencia femenina, y la dejaban en la sombra. Hoy, felizmente, hay más mujeres que hombres en la investigación científica: ¡las herederas de Hipatia!
- La sabia alejandrina del siglo IV... Ya no acabaremos asesinadas en la calle por monjes cristianos misóginos, como ella. Desde luego, el mundo ha mejorado algo...
- Nadie ha intentado asesinarla a usted. Durante el fascismo, Mussolini quiso imitar a Hitler en la persecución de judíos..., y tuve que ocultarme por un tiempo. Pero no dejé de investigar: monté mi laboratorio en mi dormitorio... ¡y descubrí la apoptosis, que es la muerte programada de las células!
- ¿Por qué hay tan alto porcentaje de judíos entre científicos e intelectuales? La exclusión fomentó entre los judíos los trabajos intelectivos: pueden prohibírtelo todo, ¡pero no que pienses! Y es cierto que hay muchos judíos entre los premios Nobel.
¿Cómo se explica usted la locura nazi? Hitler y Mussolini supieron hablar a las masas, en las que siempre predomina el cerebro emocional sobre el neocortical, el intelectual. ¡Manejaron emociones, no razones!
¿Sucede eso ahora? Por qué cree que en muchas escuelas de Estados Unidos se enseña el creacionismo en vez del evolucionismo?
- La ideología es emoción, es sinrazón. La razón es hija de la imperfección. En los invertebrados todo está programado: son perfectos. ¡Nosotros, no! Y, al ser imperfectos, hemos recurrido a la razón, a los valores éticos: ¡discernir entre el bien y el mal es el más alto grado de la evolución darwiniana!
¿Nunca se ha casado, no ha tenido hijos? No. Entré en la jungla del sistema nervioso ¡y quedé tan fascinada por su belleza que decidí dedicarle todo mi tiempo, mi vida!
- ¿Lograremos un día curar el alzheimer, el parkinson, la demencia senil...? Curar... Lo que lograremos será frenar, retrasar, minimizar todas esas enfermedades
- ¿Cuál es hoy su gran sueño? Que un día logremos utilizar al máximo la capacidad cognitiva de nuestros cerebros.
- ¿Cuándo dejó de sentirse patito feo? ¡Aún sigo consciente de mis limitaciones!
- ¿Qué ha sido lo mejor de su vida? Ayudar a los demás.
-¿Qué haría hoy si tuviese 20 años? ¡Pero si estoy haciéndolo! Ayudar a otros a ayudarse a sí mismos.

Fuente: Telam,WorldPress,EFE y

siendo-humanos.blogspot.com



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